Suspiré mientras
seguía avanzando, esquivando las numerosas raíces de árboles que se interponían
en mi camino. No estaba dispuesta a dejarme vencer pese a llevar toda la tarde
caminando por aquel bosque. El sol continuaba descendiendo hacia el horizonte,
y a sabiendas de que el tiempo no me esperaba comencé a acelerar. Tenía que
llegar. No podía perder mi oportunidad...
Finalmente unos
minutos después llegué a un claro cubierto por verde hierba que recordaba
bañada por el rocío al amanecer, e inundada de flores silvestres de todos los
colores imaginables. En su centro se alzaba levemente una base de piedra
circular, firmemente unida al suelo y con un dibujo tallado en su superficie.
Me volteé para ver como el gran circulo brillante del cielo llegaba al punto
adecuado, rozando la cima de las montañas del oeste, y me aparté los mechones
de pelo que se caían sobre mi frente.
Tan solo esperé unos
segundos hasta que el suave sonido de unas campanillas captaron mi atención.
Estaba ahí....
Me giré hacia la piedra
atenta mientras el sonido se aproximaba y mi corazón latía a mayor velocidad.
Se acercaba...
Dejé caer mi mochila
a los pies de un gran árbol y me aproximé lentamente. Entonces la vi y la
sangre se congeló momentáneamente en mis venas. Una mariposa de alas del tamaño
de mi mano, en una tonalidad azul zafiro bordeadas del más profundo de los
negros se posó en el centro de la piedra. Parecía brillar con luz propia, y
sentí como las lágrimas de emoción se agolpaban en mis ojos ante su belleza.
Alcé una mano hasta
mi pecho y lo apreté tratando de calmar a mi excitado corazón cuando una
brillante luz me cegó, y tras ella apareció él. Su pelo azabache se mecía con
la suave brisa, y sus ojos azules brillantes me observaron atentamente. Sus
hermosos labios se curvaron en una sonrisa, y yo sin poder evitarlo corrí hacia
él. Lo abracé en un salto desesperado, aferrándome a su cuerpo temiendo que
desapareciera. Pero no, estaba ahí. Era real, y ese momento era nuestro. Solo
nuestro.
Tenía tanto que
decirle, tanto que expresar, y aun así no dije nada. No quería malgastar
nuestro tiempo con simples palabras, por lo que cuando él me alzó la barbilla
para mirarme a los ojos, me acerqué sin pensármelo y lo besé. Había anhelado
sentir sus labios sobre los míos, sus manos en mi espalda, sus brazos
rodeándome, protegiéndome, apartándome del mundo para llevarme muy lejos, a un
paraíso en el que solo estábamos él y yo. Su calidez me invadió y me sentí
feliz de nuevo. Y una vez más, era por su causa.
Todo ese año de
espera había valido la pena, y lo confirmé cuando me encontré refugiada en su
fuerte pecho. Pero no era suficiente, y eso lo aseguré cuando una nueva luz
surgió de la piedra sobre la que nos hallábamos y supe que se iba a ir. No
tenía tiempo, pero no podía dejar que se fuera. No ahora que lo había
recuperado... no podría soportarlo una vez más... no soportaría otra despedida.
-Te amo... -Susurró
él con esa voz que me cantaba en sueños. Esa voz que me susurraba al oído
cuando el viento acariciaba mis mejillas en las tardes de verano. Con esa
seguridad que a mí me faltaba.
-No te vayas....
-Supliqué con las lágrimas empapando mis mejillas sonrojadas por el frío que se
acercaba a la par que la noche.
En respuesta él besó
mi cabeza y me dio un último apretón antes de apartarme con suavidad fuera de
la piedra.
Se iba...
No, no podía
permitirlo. No sería capaz de resistir la espera de un año más en su ausencia.
Ya había tratado de librarle de la maldición... pero era imposible. Y si no
podía llevarlo conmigo, me iría yo con él.
Los últimos rayos
del sol alcanzaron la piedra, y pude ver como una lágrima suya caía sobre la
pétrea y fría superficie de la base de nuestra condena. Entonces, cuando la luz
se volvió más intensa, me introduje en ella. Regresé a su lado y me apreté con
fuerza contra él.
-No te dejaré...
-Sollocé en la curva de su cuello, y en lugar de empujarme de nuevo
correspondió al abrazo.
-Gracias... -Fue la
última palabra que lograron emitir sus labios antes de que el sol se ocultara
por completo.
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Sus alas azules se
batieron y se alzó sobre las hermosas flores del claro. A su lado, otra
mariposa con las alas en tonalidades anaranjadas y el mismo bordeado en negro
lo alcanzó y ambas comenzaron a revolotear, la una al lado de la otra en
sintonía con las estrellas que comenzaban a iluminar el cielo.
Ágape

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