domingo, 3 de noviembre de 2013

La base de nuestra condena


Suspiré mientras seguía avanzando, esquivando las numerosas raíces de árboles que se interponían en mi camino. No estaba dispuesta a dejarme vencer pese a llevar toda la tarde caminando por aquel bosque. El sol continuaba descendiendo hacia el horizonte, y a sabiendas de que el tiempo no me esperaba comencé a acelerar. Tenía que llegar. No podía perder mi oportunidad...
Finalmente unos minutos después llegué a un claro cubierto por verde hierba que recordaba bañada por el rocío al amanecer, e inundada de flores silvestres de todos los colores imaginables. En su centro se alzaba levemente una base de piedra circular, firmemente unida al suelo y con un dibujo tallado en su superficie. Me volteé para ver como el gran circulo brillante del cielo llegaba al punto adecuado, rozando la cima de las montañas del oeste, y me aparté los mechones de pelo que se caían sobre mi frente.
Tan solo esperé unos segundos hasta que el suave sonido de unas campanillas captaron mi atención.

Estaba ahí....

Me giré hacia la piedra atenta mientras el sonido se aproximaba y mi corazón latía a mayor velocidad.

Se acercaba...

Dejé caer mi mochila a los pies de un gran árbol y me aproximé lentamente. Entonces la vi y la sangre se congeló momentáneamente en mis venas. Una mariposa de alas del tamaño de mi mano, en una tonalidad azul zafiro bordeadas del más profundo de los negros se posó en el centro de la piedra. Parecía brillar con luz propia, y sentí como las lágrimas de emoción se agolpaban en mis ojos ante su belleza.
Alcé una mano hasta mi pecho y lo apreté tratando de calmar a mi excitado corazón cuando una brillante luz me cegó, y tras ella apareció él. Su pelo azabache se mecía con la suave brisa, y sus ojos azules brillantes me observaron atentamente. Sus hermosos labios se curvaron en una sonrisa, y yo sin poder evitarlo corrí hacia él. Lo abracé en un salto desesperado, aferrándome a su cuerpo temiendo que desapareciera. Pero no, estaba ahí. Era real, y ese momento era nuestro. Solo nuestro.
Tenía tanto que decirle, tanto que expresar, y aun así no dije nada. No quería malgastar nuestro tiempo con simples palabras, por lo que cuando él me alzó la barbilla para mirarme a los ojos, me acerqué sin pensármelo y lo besé. Había anhelado sentir sus labios sobre los míos, sus manos en mi espalda, sus brazos rodeándome, protegiéndome, apartándome del mundo para llevarme muy lejos, a un paraíso en el que solo estábamos él y yo. Su calidez me invadió y me sentí feliz de nuevo. Y una vez más, era por su causa.
Todo ese año de espera había valido la pena, y lo confirmé cuando me encontré refugiada en su fuerte pecho. Pero no era suficiente, y eso lo aseguré cuando una nueva luz surgió de la piedra sobre la que nos hallábamos y supe que se iba a ir. No tenía tiempo, pero no podía dejar que se fuera. No ahora que lo había recuperado... no podría soportarlo una vez más... no soportaría otra despedida.
-Te amo... -Susurró él con esa voz que me cantaba en sueños. Esa voz que me susurraba al oído cuando el viento acariciaba mis mejillas en las tardes de verano. Con esa seguridad que a mí me faltaba.
-No te vayas.... -Supliqué con las lágrimas empapando mis mejillas sonrojadas por el frío que se acercaba a la par que la noche.
En respuesta él besó mi cabeza y me dio un último apretón antes de apartarme con suavidad fuera de la piedra.

Se iba...

No, no podía permitirlo. No sería capaz de resistir la espera de un año más en su ausencia. Ya había tratado de librarle de la maldición... pero era imposible. Y si no podía llevarlo conmigo, me iría yo con él.
Los últimos rayos del sol alcanzaron la piedra, y pude ver como una lágrima suya caía sobre la pétrea y fría superficie de la base de nuestra condena. Entonces, cuando la luz se volvió más intensa, me introduje en ella. Regresé a su lado y me apreté con fuerza contra él.
-No te dejaré... -Sollocé en la curva de su cuello, y en lugar de empujarme de nuevo correspondió al abrazo.
-Gracias... -Fue la última palabra que lograron emitir sus labios antes de que el sol se ocultara por completo.

                                             -------------------------------------


Sus alas azules se batieron y se alzó sobre las hermosas flores del claro. A su lado, otra mariposa con las alas en tonalidades anaranjadas y el mismo bordeado en negro lo alcanzó y ambas comenzaron a revolotear, la una al lado de la otra en sintonía con las estrellas que comenzaban a iluminar el cielo.


Ágape

No hay comentarios:

Publicar un comentario